Cómo hacer que los voluntarios también donen dinero. [02/03/10]

He conocido organizaciones que tienen por norma que sus voluntarios sean también asociados. Normalmente es una condición previa para que puedan ejercer su voluntariado. Pero también he visto muchas en las que quienes donan tiempo no dan dinero. Algunas incluso encuentran inconveniente que se les pida una aportación económica. No encuentro justificación para renunciar a tal oportunidad.

Publicado por: Agustín Pérez (Director de Ágora Social)

Un razonamiento típico de quienes no ven adecuado pedir a sus voluntarios que también sean donantes es que ya están haciendo mucho por la causa. Puede parecer razonable a primera vista, sobre todo en aquellos casos de personas esforzadas que dedican mucho tiempo y realizan tareas sacrificadas. Pero no lo es. Es como decir: “puedes ayudarnos en nuestra importante misión, pero con un límite; no admitimos más colaboración que hasta tal punto”. ¿Tiene esto alguna lógica?

Para la inmensa mayoría de las causas sociales toda colaboración es poca. Sin embargo, ¿cómo se sostiene esta postura incomprensible de no querer más ayuda de quienes suelen ser los más comprometidos con la causa? La razón es sencilla: hay quienes creen que pedirles dinero, que no les parece tan noble como pedirles trabajo, les va a molestar porque lo van a percibir como abusivo. “No se conforman con todo lo que hago, sino que además me piden dinero”. Así es como se imaginan que pensarán.

De lo que no se dan cuenta es que precisamente las personas más comprometidas son las más predispuestas a dar más. La clave es que se sientan apreciadas y que perciban que su contribución adicional será una nueva fuente de gratificación. Si el balance entre lo que da y lo que recibe el voluntario (en términos psicológicos) sigue siendo positivo, no tendrá inconveniente en aportar también dinero. Al contrario, se sentirá todavía más necesario. Es un peldaño más en su ascenso por la escalera del compromiso.

No obstante, la forma en que se le plantea la solicitud tiene que hacerse de manera que no genere susceptibilidades. Para ello, lo más importante es reconocer su participación. La persona tiene que ser consciente de que se conoce y valora lo que está haciendo. Por eso, mucho mejor si se menciona en el mensaje escrito o en la conversación la tarea concreta que realiza. Si además ésta tiene elementos ingratos, como es el caso de las que conlleva riesgos físicos, atender  a personas cuyo trato resulta difícil o realizar operaciones monótonas, reconocer el mérito de esta dedicación tendrá un efecto mucho mayor que simplemente valorar el tiempo que entrega.

La solicitud de colaboración económica debe ser una ocasión para agradecerle todo lo que ya está aportando. No está de más ser algo reiterativo en este aspecto. Podemos hacerle notar que valoramos de una forma especial su compromiso, que no es meramente una filantropía de domiciliar en cuenta y olvidarse de todo.

En muchos casos el voluntario sólo ve una porción del trabajo de la organización, en aquello en lo que está involucrado. De manera que es también una oportunidad para ofrecerle una visión panorámica de la labor que se hace y de mostrarle las necesidades de colaboración, incluyendo la de financiar programas que probablemente requieran importantes recursos económicos. En este contexto, es conveniente explicarle para qué se quiere su dinero.

A un voluntario se le puede pedir una contribución no finalista, esto es, para sufragar el funcionamiento general de la organización, ya que por lógica la aprecia en términos generales, aunque no esté implicado más que en una faceta concreta de su misión, que podría ser muy amplia. Esto no significa que la solicitud tenga que apoyarse en un discurso abstracto sobre la misión y los valores de la organización; puede ejemplificarse con programas o servicios concretos y referencias a las personas que se benefician de ellos. Aunque su dinero también sirva para pagar el alquiler del local o la factura de teléfono, no se trata de pedirles que sean ellos quienes soporten los gastos operativos. Esto no motiva ni más entusiasta de los adeptos.

Naturalmente, también se le podría pedir dinero para un programa concreto o para subvenir a una emergencia, pero circunscribirse a pedir una aportación puntual o de vez en cuando es desperdiciar el potencial de apoyo que representa este colectivo.

Es importante que en una organización que cuenta con voluntarios no se instale una cultura de que donar tiempo vale más que donar dinero. Como tampoco lo contrario. Los colaboradores deben percibir que ambos tipos de aportación son necesarios e igualmente valiosos. Si alguien no puede colaborar de ambas formas, no pasa nada. De hecho, hay personas que realizan voluntariado precisamente porque perciben que les sobra más tiempo que dinero. No hay que sorprenderse, ni mucho menos decepcionarse, porque haya voluntarios que no quieran contribuir económicamente. Cada cual que dé lo que pueda y quiera. Lo que no tiene sentido es imponerse limitaciones a la colaboración de las personas que probablemente más creen en la causa.